La miel sirve, ante todo, para comer: es un alimento con un sabor que ningún otro endulzante tiene. Además de eso, la ciencia le reconoce un par de usos concretos. Y luego hay una larga lista de beneficios que se le atribuyen sin pruebas.
Qué es la miel, en números
Por cada 100 g, la miel tiene de media:
- unas 300-330 kcal;
- unos 80 g de azúcares, sobre todo fructosa (38 %) y glucosa (31 %);
- entre un 15 y un 18 % de agua;
- cantidades pequeñas de otros azúcares, ácidos orgánicos, enzimas de las abejas, minerales y compuestos fenólicos, más en las mieles oscuras.
Esas vitaminas y minerales existen, pero en cantidades muy pequeñas: para cubrir las necesidades del día con miel habría que comer kilos. Nutricionalmente, la miel es energía. Lo que la hace distinta del azúcar es sobre todo el sabor, el aroma y la textura.
Para qué sirve, con pruebas
Dar energía
Es un hidrato de carbono de absorción rápida, útil antes de un esfuerzo o durante uno largo. En ciclistas rindió parecido a un gel de glucosa. Lo contamos en miel para deportistas.
Suavizar la tos y la garganta
Es su uso mejor estudiado: varias revisiones han visto que alivia algo la tos de los resfriados, también en niños mayores de un año. Está en miel para la garganta y la tos.
Curar heridas, pero solo la miel médica
Los apósitos de miel esterilizada se usan en heridas y quemaduras en entornos sanitarios. La miel del tarro no sirve para eso. Lo explicamos en ¿la miel es un antibiótico natural?
Lo que se le atribuye sin pruebas suficientes
- Reforzar las defensas. No hay estudios en personas que lo muestren.
- Curar la alergia al polen si se toma miel local. Lo poco que se ha estudiado no muestra un efecto claro, y a alguien con alergia a productos de la colmena le puede sentar mal.
- Depurar el hígado o el organismo. No; lo contamos en la miel y el hígado.
- Adelgazar, sobre todo en ayunas o con limón. No; tiene calorías. Más en ¿la miel engorda?
- Curar la gastritis o el Helicobacter. No; está en miel y gastritis.
- Ser buena para los diabéticos. Sube la glucosa como el azúcar; lo explicamos en miel y diabetes.
Para qué sirve en la cocina
- Endulzar con sabor. En un yogur, en el queso fresco o en unas tostadas, una miel buena aporta aroma además de dulzor.
- Con quesos. Es el maridaje clásico. Una miel oscura y amarga, como la de brezo, con un queso azul o curado; una suave, como la de flores, con queso fresco o de cabra. Lo cuento con calma en miel y queso.
- En aliños y glaseados. Una cucharadita en una vinagreta, o pincelada sobre zanahorias o carne al horno al final de la cocción.
- En repostería. Endulza más que el azúcar: si sustituyes, usa unos tres cuartos de la cantidad y reduce un poco el líquido de la receta. Ojo, que tuesta antes: baja el horno unos 15 °C.
- En infusiones. Siempre cuando el agua ya esté templada, que el calor fuerte le quita el aroma.
Y fuera de la cocina
La miel se usa desde hace siglos en mascarillas caseras de piel y pelo, por su capacidad de retener agua. Es un uso cosmético sin más pretensión. Y de la colmena sale también la cera, con la que hacemos nuestras velas de cera pura de abeja.
Quién no debe tomarla
- Bebés menores de 12 meses, nunca. Lo explicamos en ¿pueden tomar miel los niños?
- Personas con alergia a productos de la colmena.
- Personas con intolerancia a la fructosa.
- Con diabetes, contándola como azúcar.
Cuánta tomar
La OMS incluye la miel entre los azúcares libres, que recomienda no pasen del 10 % de las calorías del día, y mejor del 5 %: unos 25 g, tres cucharaditas y media, para un adulto, sumando todos los dulces. Una o dos cucharaditas de miel al día caben sin problema en una dieta normal.
La miel que merece la pena
Si la vas a tomar por su sabor, que sea miel de verdad: sin siropes y de origen conocido. Aquí explicamos cómo saber si una miel es pura. Las nuestras salen de nuestras colmenas de Asturias y León, sin calentar ni mezclar: la Miel de Flores para el día a día, la de Brezo de Cuevas para los quesos y la de Encina de León para quien busca algo poco dulce y distinto.





